«Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Esta fue la respuesta de Jesús a la capciosa pregunta que le plantearon los fariseos. Esta respuesta fue la que menos esperaban. ¿Qué significa realmente esta afirmación de Jesús? Ha recibido diversas interpretaciones, la mayoría erróneas.
Algunos la han interpretado como que la Iglesia o sus líderes no deben inmiscuirse en asuntos políticos, y que el Estado o el gobierno no deben inmiscuirse en asuntos religiosos. Deben permanecer separados.
Sería un error entender la afirmación de Jesús como que el mundo está dividido en dos partes: una perteneciente al César y la otra a Dios. El mundo es uno, y todo pertenece a Dios, incluyendo al propio César, su dinero y todo lo que poseía, porque fue creado por Dios.
Lo que Jesús quiere que entendamos con esta respuesta es que existen obligaciones seculares y religiosas, así como el ser humano es por naturaleza un ser social y religioso, y debe cumplir con ambas si desea ser feliz. No podemos escudarnos en la religión y descuidar nuestras obligaciones cívicas, como pagar impuestos, votar en las elecciones y cumplir con nuestros deberes familiares.
Además, no podemos usar nuestra participación en asuntos seculares como excusa para descuidar nuestros deberes religiosos, como negarnos a asistir a misa los domingos, a contribuir o apoyar la misión de la Iglesia como lo hacemos hoy, o a participar en otras actividades religiosas. Independientemente de nuestra situación familiar, tenemos el deber de apoyar a la Iglesia, porque nuestra fe es nuestra vida.
Queridos hermanos, debemos esforzarnos por cumplir con nuestras obligaciones religiosas y sociales, y así seremos felices en la vida.
